Quiero creer en la magia

Crecer es un cambio de posición frente a la vida, dejamos de creer en el Niño Jesús, Santa Claus, los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez, dejamos de creer en la magia, y se nos olvida como jugar, incluso a veces se nos olvida reír sin razón aparente. Llega una edad en la que somos adultos y podemos votar, conducir un coche, podemos salir de marcha y comprar copas, pero dejamos atrás una serie de cosas con las que nos sentíamos cómodos y que con la edad perdemos. Al hacernos mayores adquirimos mayores responsabilidades y compromisos, somos más conscientes que nuestros actos tienen consecuencia y que los problemas se tienen que afrontar. Nos damos cuenta que no podemos decir,” Eso no vale, vuelve a empezar”, como en nuestros juegos de la infancia.

NiñasCuando somos pequeños soñamos con ser mayores, jugamos a los papas y mamas, a disfrazarnos con la ropa de nuestros padres, somos médicos, cocineros, astronautas, ingenieros, bomberos; según vamos cumpliendo años aspiramos a ser independientes y tener autonomía, sobre todo deseamos libertad para encausar nuestra propia vida. Empezamos a dar nuestros primeros pasos solos, nos vamos de la de los padres, podemos hacer con nuestro tiempo lo que queremos, estudiamos una profesión ( en el mejor de los casos elegida y en muchos otros alejada de nuestros sueños infantiles) y en ese momento nos damos cuenta que crecer no es tan maravilloso como soñábamos y nos da miedo dejar todo aquello con lo que nos sentíamos cómodos. Buscamos la aprobación de los demás, aprendemos a tomar decisiones, aceptar responsabilidades, comprender las opiniones ajenas, soportar las frustraciones y aceptar el rol que tenemos dentro de la sociedad y muchas veces en este proceso nos sentimos solos y perdidos.

Se dice que a partir de los 33 años hasta los 45 estamos en la fase de asentamiento en nuestro desarrollo como personas. Se espera que tengamos una identidad segura y estable tanto en nuestro ámbito profesional como en las relaciones amorosas. Nuestro mundo se centra en lo que hemos logrado hasta ahora y aquellas infinitas posibilidades de nuestros sueños infantiles y adolescentes se han esfumado. Y por eso nos podemos encontrar en crisis, tal y como me encuentro yo , reinventandonos, cuestionándonos si somos lo que queremos ser. Si no conseguimos una identidad propia, y claramente definida en esta fase de nuestra vida, cualquier critica, rechazo o fracaso, nos podría afectar de tal manera que nos hundiría totalmente. La falta de seguridad sería sin lugar a dudas un gran dilema existencial.

CrecerY aquí me encuentro yo, intentando entender ¿qué significa madurar?. A nivel profesional tengo claro quien soy, donde estoy y donde puedo llegar, al menos el camino lo he trazado hace muchos años. Pero ¿qué pasa realmente en mi mundo personal? Muchas veces he asumido erróneamente que madurar implicaba cambiar y dejar de divertirme, porque vivir a 8000 km de distancia de mi familia desde muy joven me ha hecho demasiado responsable y centrada en mis objetivos profesionales, eso si, he tenido la suerte de disfrutar con mi trabajo. En muchos aspectos puedo decir que he madurado porque voy aclarando mis ideas acerca de quien soy y a donde quiero ir, he dejado de llorar por las pequeñas cosas y no pongo en duda, la mayoría de veces, que soy capaz de conseguir todo lo que me proponga. Entiendo que madurar significa compromiso, el compromiso que tiene que ver con la responsabilidad, con responder por lo que decido. NO significa estar obligado a nada, no significa mantener esta decisión infinitamente, significa ir chequeando cada día quién soy a través de lo que decido y de lo que elijo y creo que este es uno de los problemas mas grandes que nos encontramos al crecer, el miedo a comprometernos.

Por eso me pregunto ¿Es que alguna vez maduramos del todo? Creo que en general seguimos con los mismos problemas dudamos de nuestras decisiones, tropezamos continuamente. Si pudiéramos ir por la vida sin ningún obstáculo, perderíamos la motivación de esforzarnos y mejorar, si pudiera estar segura al 100% de todas las decisiones que he tomado en mi vida, perdería el rumbo, si no me hubiese equivocado hubiese perdido la oportunidad de aprender. Seguramente no sería ni la mitad de fuerte de lo que soy ahora,  si no hubiese tenido que caer y levantarme mas de una vez.

Pero crecer puede hacernos perder la capacidad de sorprendernos, de hacer preguntas sin respuesta, crecer nos hace creer que la magia no existe y con ello dejamos de ser quien somos en realidad. Perdemos la capacidad de ser espontáneos y creativos. En la niñez se hallan las claves de nuestro destino, quiénes somos, qué hemos venido a hacer aquí.

Creyendo en la magiaHoy quiero recuperar esa magia de mi infancia, esos sueños infantiles, voy despertar a mi niña interior, y devolverle la luz que le he negado estos últimos años. Porqué crecer y madurar tiene que ver mas con aprender a canalizar nuestra creatividad, expresar quien somos y disfrutar de la vida, y no tiene que ser doloroso si somos capaces de mantener la magia de nuestra infancia, de sentirnos en el corazón eternamente jóvenes

“El puente mas grande para conocer la magia de la alegría es la VIDA… nos damos cuenta lo mucho que valemos al estar en ella”  Paulo Coelho

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